martes, 28 de abril de 2015

Luisa Futoransky


Retrato de la autora, por Cristina Ruiz Guiñazú

Escritora argentina. Reside en París.
En Francia fue conferencista en el Centro Pompidou de París y periodista en la agencia de prensa AFP.
Actualmente tiene a su cargo la edición en español de la revista Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Publicaciones recientes

Poesía
Inclinaciones, Buenos Aires, Leviatán, 2006
Ortigas, Buenos Aires, Leviatán 2011
Pintura rupestre, Buenos Aires, Leviatán, 2014


Novela
El Formosa, Buenos Aires, Leviatán, 2010
23:53 Noveleta, Buenos Aires, Leviatán, 2014
Desaires, Textos y poemas de Luisa Futoransky, fotografías de José Antonio Berni, Tipos Editores, París, 2014.


Traducciones
Aco Sopov, Sol Negro, versión del macedonio con Jasmina Sopova. 2011 Leviatán, Buenos Aires 2011
Agui Mishol, Ropa tendida, versión del hebreo con Marta Teitelbaum. Leviatán, Buenos Aires, 2013
Dalia Ravicovich, La túnica en llamas, versión del hebreo con Marta Teitelbaum. Leviatán, Buenos Aires, 2013.


¿Cuáles son los contextos de producción de tus escritos? ¿Tenés una rutina para ello?
Por lo general me adapto al sitio en que me encuentro. Actualmente prefiero escribir en casa, en mi computadora y por la mañana, bien temprano.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Cómo describirías ese momento de incursión?
En la temprana adolescencia. La elección de la literatura es uno de los tantos enigmas de mi vida.

¿Cuándo sentís que un poema comienza a gestarse y cuándo lo das por terminado?
Ahora la gestación del poema la siento por alguna palabra que me viene de alguna frecuencia remota. Y se enrolla y desenrolla alrededor de mi tiempo. A veces se queda y exige que la resuelva.
Doy por terminado un poema cuando la música de adentro me dice que es eso y no otra cosa.
Entonces me quedo en paz.

¿Qué lugar ocupa la corrección en tu metodología de escritura? ¿Les mostrás tus textos antes de terminados a otras personas?
Corregir corregí siempre, ahora con la computadora más. Por lo general muestro lo que escribo a una cercana sintonía, aunque a veces, o como con mi último libro no. Por lo general soy sistema Galileo, pueden decir cuanto quieran que cuando la tengo segura, incluso puedo abjurar en apariencia pero sigo afirmando “e pur si muove”.

¿Creés que influyen otras artes, como el cine, la fotografía o la música en tu escritura?
Por supuesto, el poema resulta de un entramado de imanes, intereses e incluso rechazos o negaciones. Por mi parte ostento vinculaciones evidentes con la fotografía y la música, especialmente la clásica y la ópera italiana.

¿Participás en lecturas? Sea afirmativa o negativa tu respuesta, ¿cómo ves la escena de la poesía en tu ámbito local?
Participo en lecturas al azar de encuentros e invitaciones nacionales o internacionales. Mis vinculaciones con la creación francesa, lugar donde vivo, son reducidas.

¿Participás en concursos? Si es así, ¿de qué depende tu participación?
En mi juventud participé en concursos y algunos los gané. Me atrajeron para participar señuelos tales como la edición y como se trataba de tiempos personales de gran escasez, el premio en dinero.

¿Viajás o te movilizás geográficamente para participar en eventos poéticos? ¿Con qué frecuencia?
La participación en eventos poéticos me moviliza mucho. Es un tiempo entre paréntesis, de disponibilidad y de intercambio. La frecuencia está dada por el azar de las invitaciones. No asistí a encuentros internacionales en momentos en que la situación política que atravesaba el país no se acordaba con mis ideas.

¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
En realidad creo que todas las vivencias profundas nos influencian, ya sean poéticas o no. Las más reveladoras vienen por supuesto de la intimidad y de los sueños. Sigo dependiente del azar de mis lecturas, de las exposiciones en las que me detengo, de las películas que veo. La radio, la tele, también me aportan mucho.

¿Cuál es tu postura respecto a los talleres literarios? ¿Participás o participaste en alguno, ya sea como asistente o como moderador? ¿Qué podés referir sobre esa experiencia?
Postura, posturas...es mucho decir. Personalmente no asistí a taller alguno y moderé unos cuantos.
El beneficio de la experiencia para uno y otros depende del estado esponja, es decir de la capacidad de dar y recibir y de la claridad de emisión de los mensajes. Del conocimiento de las herramientas de trabajo.

¿Tenés algún blog, revista o medio de difusión de poesía propia o ajena online? Si es así, ¿cuál te parece que es su función?
Aun no me he puesto a lanzar mi propio blog pero me parecen muy bien. Es un modo de poner en vitrina lo que uno quiere decir. Libre a los paseantes de entrar o no en la panadería.

¿Has publicado recientemente o estás por publicar? ¿Cuál es tu criterio para elegir una editorial a la que presentarle tus textos?
Publiqué recientemente dos novelas y tres libros de poesía con la misma editorial, Leviatán, de Buenos Aires. Mi benjamín se llama Pintura rupestre.
Mi criterio para estar en Leviatán es mi relación con Claudia Schvartz, excelente editora y gran amiga.

Como lectora, ¿cómo hacés tu recorte? ¿Leés contemporáneos, clásicos, ambos? ¿Qué otros géneros frecuentás?
Creo que ya lo contesté en una pregunta anterior, el lema de mi escudo es suma pero no resta.

¿Traducís? Si es así, ¿qué relación creés que tiene esta tarea con tu producción poética?
Traduje, traduzco. Es una experiencia siempre en relación con la materia prima, la primordial, que es la lengua.

¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
La pregunta en este momento me produce cierto malestar. Podría responder con una filigrana elegante. Yendo más adelante tendría que escribir algo más meditado, extenso, por qué creo o no en la función de la poesía. No soy filósofa y no tengo armas afiladas lo suficiente como para discurrir sobre la idea utilidad. ¿Por qué la poesía?, ¿simplemente porque la practico hace más de medio siglo tiene que tener una función más política que la socialización de la medicina? ¿La poesía puede aliviar un dolor de muelas? ¿Y a mí, por qué me miran?

¿Cómo imaginás a tu lector? ¿Pensás en una idea de lector mientras escribís, corregís o compilás?
No imagino a ningún lector en particular mientras escribo o corrijo. Tengo la certeza que ningún derechón me lee.  


Algunos poemas:

Con los dedos

qué se espera de un viejo? que pida turno con especialistas
que le confirmarán por si falta le hacía
el deterioro irremediable


que mate el tiempo
que sus deseos como él se jubilen sin júbilo de la vida del paso y el respiro
sus allegados, la ciudad, se vengan de sus antiguas perrerías y petulancia
le multiplican escaleras
veredas jabonosas
apenas con un alfiler
un martillito de viento le quiebran la dentadura postiza
en el lavabo del hotel
y para rematarla los duendes de la noche la tiran por la ventana
y el vecindario se queja por ruidos molestos
intempestivos
joder con los viejos
hay quien dice que huelen tan mal como los linyeras
o los muros de las prisiones
porque el olor de una clase de adolescentes en verano
voltea marea
distinto


el viejo vive en un inmenso país de gente resfriada
por el arrepentimiento y los tiempos condicionales
un país de peter pan
de principitos destronados y cochambrosos
que la parsimonia con que abren sus chequeras no ventila


país de excrecencias, temblores, toses
alfombrado de pesadillas


yo lázaro transmito
al volver de la academia
tradición obliga
preciosos mendrugos, edictos de cariño


el arcoiris se come con los dedos
el rocío aminora el mal aliento
las piedras preciosas en los bolsillos dificultan el vuelo
soltarlas en el firmamento lo aligeran


descifrar alfabetos en la forma de las nubes desempolva la penuria
tirar del cántaro
hasta que por fin se rompa
en una luminosa astilladura de partículas
para qué otra cosa están hechos acaso los cántaros
la gente
las medias
las casas
los elefantes
sino para romperse
así
de repente
y a sabiendas



Paris, la impostura
Tacaña, negligente, estreñida,
envidiada,
la más grácil sin esfuerzo,
ninguneadora, bella de lejos,
parís encubridora
recluida en su propio delirio de grandeza
atrabiliaria
parís oculta en catacumbas parís para iniciados
parís emperatriz y guillotina


yo, que nunca salvé tus innúmeras murallas, trampas, laberintos
tan eficaces para perder al extranjero
no sé si te quise o quiero, todavía.



Bodegón

Antes de que abandone
El aire
Quiero que sepas que fuiste
importante como el pan fresco
El arcoiris, las estrellas, el color índigo
Y los puentes de París


San Silvestre

Desquiciada, la bailarina se fue por las ramas. Una escala de trenza, seda y nube la condujo al paralelo de pozos y algas. Dice que así es la vida de sirena.
A la arpista le crecieron tersas alas de fuego en las pinturas del Louvre y la dejaron de perfil en el ángulo izquierdo de las legiones angélicas.
La amorosa pereció en bulevares más desiertos y helados que los de Novosibirsk. La apasionada en un hospicio, la esbelta se evaporó de la lámpara de Aladino para nunca más volver. Todas las que no soy la noche de San Silvestre.
Pero aún desean.

La lluvia de tanta ceniza ciega el horizonte del día después.

Moraleja, si cabe:
Los animales que no alcanzaron a entrar en el Arca (de Noé) se alojaron en nuestro inconsciente: erinias, quimeras, dragones, por ejemplo.
Esta noche soy o parezco
Cachorro
de Fénix.



Amanece tormenta de julio en el balcón
huele a tormenta de verano
a rayos y centellas
a eclipse


quien dice rosal
dice bichos
y de vos
ni un fósil me quedó


¿los pañuelitos con los que pavarotti
cantaba que me amabas
quién los heredó?


lo verdadero es el sabor a trueno
a lágrima enterrada
a gusano


y el aroma del café


País de Cucaña
apoderarse de un lugar
requiere abandono y maña


a primera vista un jardín ornamental
me informo
resultan plantaciones de té
en este día
bajo esta luz
el mejor verde del mundo


banalidad
mirá lo que 70 años de paz relativa pueden con el ingenio
y la tenacidad del hombre
y mirás las nubes que navegan esquivando
rascacielos de nombres azucarados
y mirás en la tierra los enjambres
impenetrables
insospechados
hasta qué punto
mansos y obedientes


muescas y jeroglifos
los tsunamis no devuelven ni siquiera un huesito
todo lo digieren de una vez y para siempre


dar vuelta la página
en este imperial privilegio
de tomar café americano
en el jardín del templo del barrio
ante el barredor de hojas de los martes
esmerado, como de costumbre


estoy en sendagaya
de vez en cuando alguien se acerca a los portones
de la entrada
da dos palmadas cosa de que si los dioses están dormidos
o simplemente distraídos atiendan la plegaria


de vez en cuando alguien escribe la suya en un papel
y la deja anudada en un árbol para que el viento no la olvide


de vez en cuando alguien escribe lo que espera
en una maderita
y la abandona para que se sume a muchas otras en un tablero especialmente diseñado para recoger las ansiedades


hello kitty cumple 40 años y lo festejamos con más y más
productos derivados
menos alcohol y tabaco
pero encendedores sí


a la hora del lobo, el terremoto fue de 6,2 y duró un minuto
grande como un día
solo atiné a aferrarme a tu mano y sirvió


por doquier los cuervos graznan a sus anchas
estridentes
desconsiderados
como debe ser


el uniforme rige las funciones vitales
la vida es un uniforme


en el monte fuji los baños termales se llaman onsen
hay algunos especialmente concebidos
para ver las estrellas


entre la estultez y lo sublime
entre el abismo y la constelación fuera de órbita
entre la hilaridad, el sopor
la vociferación y la desmesura
respirar el perfume de la incongruencia


esta gran aventura
a dúo vos
a dúo yo


Baudelaire dijo
que el país de Cucaña
debe ser un país soberbio
-donde nadie trabaja y hay de todo-
y soñaba visitarlo con una vieja amiga.


Salvo en lo de trabajar, todo lo demás es cierto.

martes, 14 de abril de 2015

Jimena Arnolfi






Nació en Buenos Aires en 1986. Estudió Comunicación y Periodismo. Textos suyos circularon en antologías, revistas y publicaciones online. Todo hace ruido (Editorial Pánico el Pánico, 2013) es su primer libro publicado. Tiene un blog: www.enquimera.blogspot.com.ar



¿Cuáles son los contextos de producción de tus escritos? ¿Tenés una rutina para ello?
A veces siento que escribir es un deseo un poco imposible. Pero es una actividad con la que peleo todos los días. Soy consciente que es muy difícil, pero es algo que no puedo dejar de hacer. Casi siempre tengo que esperar el tiempo libre. También hay veces que quisiera escribir, tengo tiempo y espacio, y sin embargo me siento un autito chocador. En general sea el contexto que sea, si se me ocurre una idea tomo nota con lo que tenga a mano. En el mejor de los casos, algo de eso prospera.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Cómo describirías ese momento de incursión?
Si tengo que identificar el momento en el que me sentí conmovida por la poesía por primera vez, fue al leer la obra de un tío abuelo. El tío Israel me mandó por carta todos sus poemas cuando yo tenía 11, 12 años. Él vivía en Diamante, Entre Ríos y durante un tiempo nos carteamos bastante. Recuerdo la sensación extrañísima que me produjo conocer a mi tío a través de sus poemas. Sus amores, sus trabajos, los paisajes por los que anduvo.

¿Cuándo sentís que un poema comienza a gestarse y cuándo lo das por terminado?
No creo en los procedimientos a la hora de escribir. Sólo creo en lo que puede salir del miedo. Nunca me sale un poema de corrido, no empiezo y termino, me voy acercando despacio. Lo doy por terminado una vez que lo toqué mil veces, que lo leí en voz alta. Dejo estacionar los poemas y un tiempo después vuelvo a ver si resisten.

¿Qué lugar ocupa la corrección en tu metodología de escritura? ¿Les mostrás tus textos antes de terminados a otras personas?
Escribir, reescribir, fracasar e insistir. Me gusta mucho el momento de la corrección. El momento del hacha: sacar para hacer visible. De vez en cuando me animo a compartir esos textos. Me gustaría pedir muchas más lecturas de las que pido. En general casi no pido que me lean. Me da pudor.

¿Creés que influyen otras artes, como el cine, la fotografía o la música en tu escritura?
En lo que escribo se mete todo. Tanto en la poesía como en los cuentos, la escritura es una esponja que absorbe y mezcla todo.

¿Participás en lecturas? Sea afirmativa o negativa tu respuesta, ¿cómo ves la escena de la poesía en tu ámbito local?
Participé de muchas lecturas de poesía. De todas maneras tengo temporadas: a veces estoy un poco para adentro y no tengo ganas de leer poemas en público. Y en cuanto a lo otro, me cuesta pensar en una “escena”.

¿Participás en concursos? Si es así ¿de qué depende tu participación?
Me disperso y cuando decido que tengo algo para mandar ya pasó la fecha. Si me preguntás qué hace que un concurso sea tentador, imagino que el premio. La publicación de un libro, un dinero. Y si además, el jurado está conformado por personas que admirás, se vuelve más interesante todavía.

¿Viajás o te movilizás geográficamente para participar en eventos poéticos? ¿Con qué frecuencia?
Hace un tiempo dejé de vivir en Buenos Aires y me vine a vivir al campo. Pero estando allá, tuve temporadas de ir a muchas lecturas lejos de la que era mi casa. Trenes, colectivos, subtes. También tuve la suerte de ser invitada a distintos festivales en otras provincias. Conocí lugares gracias a la poesía. Una vez me invitaron a Chile. También me invitaron a participar del Festival de Literatura Internacional en Cuba y me puse muy contenta, pero no pude ir porque no pagaban los pasajes. Si yo tengo que pagar el pasaje y la estadía, no puedo ir.

¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
Si hablamos de poesía, últimamente visito con mucha frecuencia los libros de Jorge Leónidas Escudero y Jorge Aulicino.

¿Cuál es tu postura respecto a los talleres literarios? ¿Participás o participaste en alguno, ya sea como asistente o como moderadora? ¿Qué podés referir sobre esa experiencia?
Creo que ayuda mucho socializar los textos. Me parece que hay cosas que se pueden aprender y enseñar, las herramientas se pueden compartir. De todos modos, siempre tengo presente eso que militaba Hemingway, la importancia del “detector de mierda incorporado y a prueba de shocks".

¿Tenés algún blog, revista o medio de difusión de poesía propia o ajena online? Si es así, ¿cuál te parece que es su función?
Tengo un blog que se llama Quimera (www.enquimera.blogspot.com.ar). Ahí cuelgo cosas propias y ajenas. Me gusta ese espacio pero no sé qué función tiene. Creo que sirve para que no se me pierdan las cosas que me gustan.

¿Has publicado recientemente o estás por publicar? ¿Cuál es tu criterio para elegir una editorial a la que presentarle tus textos?
En 2013 publiqué “Todo hace ruido”. Cuando di punto final a ese libro, apareció la oportunidad de sacarlo en papel con la editorial Pánico el pánico. Me gusta que mi primer libro haya sido publicado por una editorial que se llama doblemente “pánico”. Hace poco terminé otro libro de poemas y no sé qué voy a hacer con eso. No tengo un plan de publicación. No tengo planes ni urgencia, ese es mi mecanismo de defensa.

Como lectora, ¿cómo hacés tu recorte? ¿Leés contemporáneos, clásicos, ambos? ¿Qué otros géneros frecuentás?
Leo y escribo de manera desordenada. Voy llegando a los libros un poco por intuición, casualidad, recomendación. Leo contemporáneos y clásicos a la vez. Hace un tiempo un amigo encontró una caja de libros tirada en la calle y me llamó. Fui a investigar el tesoro y encontré algunos clásicos que ni tenía en la cabeza, no eran parte de la lista de libros pendientes. Por ejemplo estaba Cumbres Borrascosas, me obsesionó. También me gusta leer novelas policiales y disfruto mucho el formato cuento. En cuanto a poetas contemporáneos, por ejemplo, me resultan bellísimos los libros que encontré en www.coleccionchapita.tumblr.com y www.determinadorumor.com.ar.

¿Traducís? Si es así, ¿qué relación creés que tiene esta tarea con tu producción poética?
No hago traducciones.

¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
Me parece que la mayoría de las cosas que hacemos manifiestan una posición política. Escribamos poesía o no.

¿Cómo imaginás a tu lector? ¿Pensás en una idea de lector mientras escribís, corregís o compilás?
No trabajo en función de un lector. Pero sí considero que la escritura es un acto de comunicación. Y es muy lindo cuando alguien me cuenta que leyó algo mío y le pasó tal cosa.

Algunos poemas (Inéditos)


Hay que irse
Los días en la ciudad se parecen
a la escenografía de un teatro
una vez que termina la obra
ganarse la vida es arruinarla.
El tren es más mi casa que la casa donde vivo
todo el tiempo miro edificios
imagino torres de cuerpos acostados
uno encima del otro.
Siento un poco de alivio
cuando termino de crujir mis dedos
necesito que exista
una acción similar para la mente.
Podría renunciar a este trabajo
y recuperar la vida en general
pero no lo haré
debo, antes, pagar el alquiler.


Hibernación
En tiempos de autopromoción constante
lo mejor es esconderse
hibernar como un animal
de sangre caliente
entrar en un sueño profundo
que el latido sea más lento
que la temperatura descienda
ahorrar energías
usar las reservas almacenadas
de los meses más cálidos
mutar en una refugiada,
invencible.


Perdí por un numerito
Deja su cuerpo cansado
sobre el mostrador de la lotería
acerca su cara
dicta los números en voz baja
apenas empaña el vidrio
que lo separa de lo sobrenatural.

Casi siempre sale todo mal
pero la ínfima posibilidad
de acertar una sola vez
lo mantiene en movimiento.


Metafísica
La suerte es el queso rallado
que se espolvorea en el plato gigante
donde estamos listos para ser comidos:
mientras esperamos la muerte
alguien piensa, ay, qué rico.

martes, 17 de marzo de 2015

Jonás Gómez


Jonás Gómez (1977) trabajó en la editorial política Pueblo Heredero como corrector y coeditor. Coordinó por tres años el taller de escritura creativa en Crack Up y colabora en el suplemento cultural del diario Tiempo Argentino. Coordina el taller de poesía en Malisia (La Plata) y de escritura en Espacio Marechal. Recibió el premio Indio Rico 2009 por su libro Equilibrio en las tablas, que fue publicado en el 2010 por la editorial Mansalva. Publicó El dios de los esquimales (Santa Fe: Ediciones Diatriba, 2011), Planos para construir dos ciudades (Mancha de aceite, 2012) y Calendario de siembra (Barba de abejas, 2014). Participó en las antologías Si Hamlet duda le daremos muerte (La Plata: De la talita dorada, 2010), Poesía manuscrita (vol.4, 2012) y en el proyecto Híbridos (2012), que reunió a escritores, actores y dramaturgos para una puesta en conjunto.

¿Cuáles son los contextos de producción de tus escritos? ¿Tenés una rutina para ello?
Varían según el momento, como la mayoría de las personas que no viven de la literatura tuve que adaptarme a la rutina laboral. En el último tiempo estuve escribiendo en la oficina, pero hubo épocas en las que iba a un bar, con un cuaderno, para trabajar ahí y obligarme a mantener un ritmo de escritura. No tengo una rutina, hay épocas en las que trabajo más y épocas en la que produzco y corrijo menos.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Cómo describirías ese momento de incursión?
Hubo un momento, que siento como inicial, en el que empecé a tomar la escritura como una posibilidad para crear. Tenía 17 o 18 años, estaba trabajando un domingo en un kiosco que era de la familia y en un impulso escribí tres historias cortas, las tres autoconclusivas, muy distintas entre sí. El momento fue muy estimulante, hubo un descubrimiento ahí.

¿Cuándo sentís que un poema comienza a gestarse y cuándo lo das por terminado?
Siento que un poema empieza a gestarse cuando pienso en alguna combinación de palabras que me llama la atención. Esa combinación de palabras puede ser un concepto, una imagen, o algo que llega con urgencia, algo que necesito decir en ese momento. Lo doy por terminado cuando siento que ya dije lo que podía decir al respecto.

¿Qué lugar ocupa la corrección en tu metodología de escritura? ¿Les mostrás tus textos antes de terminados a otras personas?
Bueno, la corrección es indispensable. No concibo la escritura sin corrección. Sé que se puede escribir de un tirón un texto largo, o breve, y que haya algo bueno ahí, pero me parece que para que el texto sea todo lo efectivo que puede ser tiene que pasar por una, o más de una, instancia de corrección. A veces subo lo que estoy trabajando a Facebook, pero no tengo el hábito de mostrar lo que estoy haciendo para recibir devoluciones.

¿Creés que influyen otras artes, como el cine, la fotografía o la música en tu escritura?
Sí, claramente. Creo que todo está relacionado. De hecho uno de mis libros está basado, parcialmente, en unas obras de Kuitca. A veces pienso una escena como si fuera a ser filmada, me sirve para plantear el movimiento de los personajes o una acción específica.

¿Participás en lecturas? Sea afirmativa o negativa tu respuesta, ¿cómo ves la escena de la poesía en tu ámbito local?
Participo en lecturas, creo que es una buena manera de socializar lo que estás escribiendo. También está el encuentro celebratorio, de conversación y cervezas con amigos, que está muy bien. La escena local de poesía está nutrida de mucha gente, hay mucho movimiento, ciclos de lecturas y demás, cada uno con sus propias características. Hay mucha gente escribiendo y leyendo, lo que no hay, no demasiado, es público ajeno a las lecturas que se acerque para escuchar.

¿Participás en concursos? Si es así, ¿de qué depende tu participación?
Participo en concursos, sí, el primer libro que me editaron ganó un concurso (el premio era la edición). Mi participación depende de que el premio sea algo que me resulte interesante ganar: dinero o la publicación del libro.

¿Viajás o te movilizás geográficamente para participar en eventos poéticos? ¿Con qué frecuencia?
Si la invitación incluye el pasaje sí, lo hago, pero no es algo que ocurra con frecuencia.

¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
Un combo de todo lo que leí hasta ahora: Cormac McCarthy, Carver, Ashbery, O´Hara, Casas, Carlos Ríos, Fernanda García Lao, Gambarotta. Etc, etc.

¿Cuál es tu postura respecto a los talleres literarios? ¿Participás o participaste en alguno, ya sea como asistente o como moderador? ¿Qué podés referir sobre esa experiencia?
Creo que son un espacio útil para trabajar la escritura y poner a la literatura en lugar más realista: lo que a un lector le lleva semanas de lectura es posible que a un escritor le haya llevado años. Buena parte de mi formación se la debo a los talleres de escritura, pasé por distintos espacios de trabajo, ahora coordino uno de poesía y uno de poesía y narrativa. Las dos instancias son estimulantes, está bueno el espacio de trabajo de un texto, y recibir las devoluciones del coordinador y de los compañeros, y está bueno guiar al que está en el proceso de escritura. Me parece interesante el lugar de coordinador porque permite aportar consejos de resoluciones prácticas para un texto.

¿Tenés algún blog, revista o medio de difusión de poesía propia o ajena online? Si es así, ¿cuál te parece que es su función?
Tuve un blog por algunos años, pero le perdí el gusto a mostrar ahí lo que hago. Como todo medio de difusión me parece válido. La función, en tiempos digitales, es la posibilidad de generar un proyecto propio, o colectivo, en el caso de una revista, sin el costo de la impresión, sin la limitación de la circulación del papel, pero con la limitación del formato digital, que, en general, genera una lectura menos paciente.

¿Has publicado recientemente o estás por publicar? ¿Cuál es tu criterio para elegir una editorial a la que presentarle tus textos?
A fines del año pasado publiqué Calendario de siembra, a través de la editorial Barba de abejas. En general, hasta ahora, el tema de las publicaciones, salvo el primero, que fue a través del concurso, se dio de forma muy natural, a través de sellos amigos, que habían leído el primer libro y tenían ganas de armar algo en conjunto. Pero si tengo que presentarle textos a una editorial lo que busco es que tenga un catálogo que me interesa, que me resulte interesante como lector.

Como lector, ¿cómo hacés tu recorte? ¿Leés contemporáneos, clásicos, ambos? ¿Qué otros géneros frecuentás?
Tengo épocas en las que busco clásicos y épocas en las que me interesa leer lo que se está publicando ahora. Me parece que hay que estar atento a todo, hay maneras de trabajar el lenguaje que no pudieron darse en los clásicos y una especie de rigor, de ambición de proyecto, que probablemente se haya ido diluyendo en el presente. Sé que estoy generalizando, pero a veces tengo esa sensación. Para mí la literatura es una, el tema del género, ficción, poesía, prosa poética, la ciencia ficción y demás, son etiquetas. En cada obra hay mucho más que la categorización que se hace de esa obra.

¿Traducís? Si es así, ¿qué relación creés que tiene esta tarea con tu producción poética?
Alguna vez traduje algún texto para el taller o revisé alguna traducción que no me cerraba. Me parece que el acercamiento a otro idioma genera una apertura en relación al lenguaje propio. Te volvés más consciente de que el lenguaje es algo manipulable, al que se le puede cambiar el orden de construcción para modificar el sentido. De alguna manera creo que sirve para tomar mayor consciencia del lenguaje como materia de creación.

¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
No pienso demasiado en eso, sé que hay escritores que no conciben el arte desligado de la función política, pero no es mi caso, lo que más me importa como escritor es que el texto sea firme.

¿Cómo imaginás a tu lector? ¿Pensás en una idea de lector mientras escribís, corregís o compilás?
No demasiado, intento convencerme a mí mismo de que el texto tenga un buen aterrizaje, pero no sé si se puede, o al menos yo no lo hago, pensar en un lector imaginario.

Algunos poemas:

Fue una mañana de frío inesperado para la época.
En el baño había una luz más acorde al invierno que a la primavera,
y a través de los paneles de la ventana había un ingreso de llovizna.
Era algo mínimo,
había que entrecerrar los ojos para verlo,
probablemente fuera el cambio de viento alrededor de la terraza,
porque pasaste otros días de lluvia ahí, pero eso, ese avance a través de la ventana,
eso fue nuevo.

Entonces, de pie, frente a esa manifestación de lluvia dentro del monoambiente,
en el día laborable que pasaste lejos de toda labor,
pensaste en el futuro y en lo que podría pasar en los próximos meses.
Pensaste: el futuro está todavía a un kilómetro de distancia, ya llegará, ya llegaré.
Pensaste: un slogan actual: le clavás el visto al futuro o el futuro te clava el visto.
Pensaste: hay casi un color en esas gotas, casi un color, pero no del todo.
Pensaste: esto que está pasando es nuevo, entonces, esto ya es el futuro.


Las construcciones sólidas requieren, o demandan, lentitud.
No se ensambla una obra magna en tiempo corto, hay que transitar los preparativos para, cuando llega el momento, trabajar.
“Es como ese sonido de la cuchara en el fondo de la lata, ese raspido,
ese sonido aprendido antes de asimilar el circuito de la entrada, el plato principal
y la porción dulce, antes de llegar a eso hubo que ir al estante alto y explorar la lata”.

Las construcciones sólidas requieren, o demandan, movimientos pausados.
A Whitman le llevó la vida escribir Hojas de Norteamérica,
no podría ser de otra manera,
para rencarnar en el imaginario y en el discurso de futuros lectores es necesaria esa entrega,
esa constancia devota
de levantar un ladrillo a la vez, durante largo tiempo, de a ratos con paso impreciso, de a ratos firme con la carga entre manos, pero al final,
al final del día, al final de la obra, el resultado persiste.

Las construcciones sólidas requieren, o demandan, obrar con lentitud.
Y aunque es cierto, el tiempo nos llevará puestos a todos, en el trayecto de uno a otro punto,
en el día a día,
en la dignificación del tiempo por medio del trabajo,
hay manos y hay voluntad de hacer,
hay imaginación y necesidad de concretar la combustión,
hay un músculo curvo y rojo (el gran tambor) y el impulso de ser.



¿De qué palabras se alimentó nuestro idioma para ser este entorno,
este suelo,
este intercambio que conocemos y practicamos?

¿Hay un origen preciso?
¿Es posible llegar a la fuente y hundir las manos en la fuente?
¿De qué manera?

Siendo lo puro algo estable, que no sufre transformaciones,
¿se puede hablar de un idioma puro?

(caen como piedra los sustantivos y como flecha los adjetivos)

La lengua materna es, en simultáneo, parte de la anatomía de la madre y el idioma transmitido por la madre,
es algo intangible
y sin embargo en una primera lectura el concepto de lengua materna se presenta como una pieza carnal,
algo que guarda la boca de la madre.


jueves, 12 de febrero de 2015

Rita González Hesaynes



Rita, poeta contemporánea. Nació en Azul hace treinta años. Cuando sea grande quiere ser pirata espacial, egiptóloga, actriz, estrella de rock, novelista, dios, portero de edificio, profeta alienígena y cyborg, para empezar. Está creciendo. Aún no ha muerto.

¿Cuáles son los contextos de producción de tus escritos? ¿Tenés una rutina para ello?
No tengo una rutina. Considero que la escritura empieza en la cabeza, en cualquier parte –en el tren, en la ducha, caminando por la calle– y no siempre hay un teclado o cuaderno a mano, la cuestión es acordarme y anotar todo lo que pueda con lo que tengo a mano

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Cómo describirías ese momento de incursión?
No recuerdo exactamente cuándo, sé que antes de empezar la primaria ya escribía con clara intención artística. Recuerdo haberme interesado particularmente en la poesía a los 11 años; leí y escribí mucho desde entonces. Mucha basura, por supuesto, pero fue una práctica increíble.

¿Cuándo sentís que un poema comienza a gestarse y cuándo lo das por terminado?
A veces empieza de una idea ya completamente formada, otras de una línea o una imagen que me deslumbra y vuelve todo el tiempo a molestarme, como un bichito. Entonces le doy espacio. Me pongo a disposición de ese bichito. Entro en otra realidad y mis alrededores se desdibujan. Me doy cuenta de que salgo del proceso de escritura cuando vuelvo a la realidad cotidiana. Ahí lo dejo descansar y luego (horas o semanas después), ya en un estado más 'cerebral', viene la corrección.

¿Qué lugar ocupa la corrección en tu metodología de escritura? ¿Les mostrás tus textos antes de terminados a otras personas?
Corrijo bastante porque soy muy obsesiva y trato de que el poema exprese lo mejor posible la idea o imagen central y, como si fuera poco, también quiero que el decir de ese poema sea bello. Como no le puedo pedir tanto al exabrupto inicial, lo visito varias veces, lo leo en voz alta, en voz baja, como sea, hasta entrar de nuevo en el universo del poema. Ahí sí, recorto los sobrantes, reviso la rítmica. Pero tengo que poder entrar. Si el poema no me deja entrar, no funciona, hay un problema ahí, que puede estar en mi receptividad o en el texto mismo (o en ambos!), entonces vuelvo a lo escrito más tarde o lo abandono.

¿Creés que influyen otras artes, como el cine, la fotografía o la música en tu escritura?
Muchísimo. Las artes plásticas y la música sobre todo. La compañía simbólica de David Bowie marcó con mucha fuerza mi proceso de desarrollo personal, poética incluida. Los viajes mentales y sensoriales a través del arte son una fuente constante de experiencia. Y toda experiencia va a parar al poema. Recuerdo haber escrito un poema –que encima me llevó más de un año– escuchando únicamente el álbum Alice de Tom Waits. En mi caso, además, tengo un amor profundo por las ciencias y soy consciente de que gran parte de mi imaginario proviene del discurso científico, de la divulgación, de noches enteras leyendo sobre teorías físicas o cosmológicas que a veces no llego a comprender pero generan reflexión, síntesis con otros saberes, epifanías. Todo eso que voy juntando: arte, ciencia, vida, recuerdo, fantasía, es pasto de la escritura.

¿Participás en lecturas? Sea afirmativa o negativa tu respuesta, ¿cómo ves la escena de la poesía en tu ámbito local?
Cuando me invitan, suelo decir que sí, pero la popularidad nunca fue uno de mis fuertes.
Hay un crecimiento innegable de la poesía en la arena porteña, a juzgar por la cantidad de eventos y de espacios culturales que abren las puertas a disciplinas con tanta mala fama comercial como la poesía. Por suerte ahora prolifera mucha gente que escribe. Me gustaría poder decir que también hay mucha gente que lee, pero atengámonos a los hechos. Sin embargo, el que se le preste más atención a la poesía hace que haya más poetas, de los cuales algunos, con suerte, saldrán buenos. Mientras tanto, también con suerte, el que escribe cataliza, practica, se sensibiliza, aprende, presta atención. La poesía puede ser una herramienta formidable para la exploración propia y del mundo, aunque hay que tener en cuenta que no todo ejercicio es necesariamente agradable para el oído ajeno. También quiero destacar la labor de las editoriales emergentes que, muchas veces a pulmón y de su propio bolsillo, trabajan para difundir a poetas que no forman parte de ningún canon. He ahí un buen signo de estos tiempos.

¿Participás en concursos? Si es así, ¿de qué depende tu participación?
En muy contadas ocasiones. Los certámenes me parecen más un termómetro del gusto del jurado que de la calidad de la obra. La discusión sobre si hay algo –y qué es ese algo– que trascienda el gusto individual o de la época es una cuestión que excede esta encuesta.
Como no soy principista consideraría participar en un concurso si el pez es gordo (guiño guiño). De algo hay que vivir.

¿Viajás o te movilizás geográficamente para participar en eventos poéticos? ¿Con qué frecuencia?
Solo cuando Jota (N. de la E: Se refiere al poeta Jotaele Andrade, que está a cargo del Festival Internacional de Poesía de Azul y anteriormente organizó el Bardo Poético en la misma ciudad) me invita, porque solo Jota me invita. Entonces voy, porque además aprovecho y visito a mi familia. Voy con la frecuencia con la que Jota me invita.

¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
El clima. Wikipedia. La divulgación científica. Jota y Vero (N. de la E: Referencia a Verónica Barrionuevo) me leen mucha poesía suya y supongo que me influencian. Últimamente estuve frecuentando a Mary Oliver y tengo en el baño un libro hermoso de Anne Simpson al que, por obra y gracia de mi fisiología, estuve acudiendo con bastante alegría.

¿Cuál es tu postura respecto a los talleres literarios? ¿Participás o participaste en alguno, ya sea como asistente o como moderadora? ¿Qué podés referir sobre esa experiencia?
Siempre me mantuve apartada. Soy una autodidacta feroz. A robar se aprende en la calle. No creo poder ayudar a alguien a escribir mejor, es un camino tan personal que no quisiera meter mano ahí. A veces me gusta compartir lecturas sobre otros, eso sí, y para eso, cuando puedo, doy alguna clase en la universidad, escribo ensayos o directamente charlo con mis amigos.

¿Tenés algún blog, revista o medio de difusión de poesía propia o ajena online? Si es así, ¿cuál te parece que es su función?
Todavía no, pero reconozco que es muy útil para mostrar lo que uno hace o difundir obras ajenas.

¿Has publicado recientemente o estás por publicar? ¿Cuál es tu criterio para elegir una editorial a la que presentarle tus textos?
Me gustaría publicar alguna colección. Si pudiera elegir, diría que lo primordial es que me caigan bien los editores. Que amen lo que hacen. Después, que publiquen a otros que me hayan gustado. Que sean serios. Que se muevan y no se duerman en los laureles.

Como lectora, ¿cómo hacés tu recorte? ¿Leés contemporáneos, clásicos, ambos? ¿Qué otros géneros frecuentás?
Leo a los de siempre, a los muertos. Mi panteón es sagrado, y charlo más con Whitman, con Luca, con Olga, con Byron, con Shakespeare, que con mis contemporáneos. No es que no lea a los vivos, pero prefiero pasar tiempo con la gente que me entiende y me enseña y me enamora (independientemente de su actividad celular) que leyendo “para ver lo que se está haciendo ahora”. De los vivos, me gusta leer a los que admiro y tengo tanta suerte que algunos hasta son amigos míos. La prosa me encanta, sobre todo la literatura de imaginación –género fantástico, ciencia ficción, fantasy, nonsense, etc.–, pero también ensayos, tratados políticos, historia, memes, debates y estados ocurrentes de redes sociales, etc

¿Traducís? Si es así, ¿qué relación creés que tiene esta tarea con tu producción poética?
Sí, hasta de idiomas que no manejo (sic). Me gusta muchísimo traducir poesía en lengua inglesa. Por supuesto, si elijo traducir algo es porque me vuela la cabeza y, encima, como me obsesiono mucho en la labor, es muy difícil quedar indemne de su hechizo al escribir.

¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
Todo lo contrario. Pienso, como Wilde, que todo arte es y tiene que ser inútil, esto es, desprovisto de función extraestética. No creo que el arte tenga que ser ni hacer nada. La prescripción engendra servilismo. Sí considero que el arte puede provocar ciertos efectos, independientemente de su origen o intención. Efectos políticos, comerciales, lingüísticos, de cualquier índole. Pero nada de esto entra –ni quisiera que entre– en la definición del arte, que me parece un asunto exclusivamente estético.

¿Cómo imaginás a tu lector? ¿Pensás en una idea de lector mientras escribís, corregís o compilás?
El único lector que puedo imaginar soy yo. Si alguien más quiere leerme, para mí es un honor. Pero solo escribo para mí, para todos los que soy.

Algunos poemas:

Lo que pasa en el cielo

Vuela el pájaro y trae la muerte que viene del cielo,
aterriza el meteoro y trae la muerte que viene del cielo.
Nunca ha existido salvación,
comprendieron quizás los dinosaurios antes de extinguirse.
Miles de kilotones y milenios más tarde,
Sophie levantaba los brazos hacia el blitz en Whitechapel
como rezando entre luces navideñas,
entre petardos cada vez más feroces:
al amanecer todo el barrio un pesebre
donde la niña destrucción se presentaba al mundo.

Alguna vez el Sol va a tragarse la Tierra,
nada más natural hay en el cosmos. Si hay salvación
es la del cedro que reconoce sus vetas en la viga.

Lleno de sangre está el pájaro radiante
que sobrevuela para siempre Hiroshima,
lleno de posibilidades su graznido,
su mierda fungiforme, su prole de leucemia.
Prolifera en secreto el ave roc,
en Pakistán sus ojos, sus ojivas en India,
o el pájaro trueno de New Mexico
que ruge su atómica amenaza
en las profundidades del desierto
hacia todos los frentes extranjeros.

Vuela el dragón y trae la muerte
en canasta de llamas;
era sabiduría popular en tiempos
de la espada y de la hoguera.
Como brotes de magia acaecían las piedras,
las antorchas, las flechas encendidas
sobre las murallas, la maldición mecánica
de las catapultas y no llovía más que angustia
en los graneros. Tan hermosa, tan cruel es la llovizna.
Tantas balas llovieron sobre Bélgica
tanto napalm sobre los vietnamitas
tanto pesticida en el cereal pampeano
tantos cañonazos sobre la Costa de Oro
tantas manos tiznadas de esperanza
elevamos frenéticos cuando el peligro acucia.
Dicen los textos considerados santos
que cayó azufre ardiente en Sodoma y Gomorra
y el Diluvio aniquiló a las criaturas hijas del amor
y del instinto. Será que nunca ha existido salvación.
El dromon bizantino condenaba al infiel
en un incendio químico y aún hoy
los mesiánicos drones liberan sus Hellfires
sobre la piel del Islam

Vendrán desde la altura las langostas, los enjambres robóticos,
la inmigración marciana, los dioses ancestrales cefalópodos 
aliados en su hambre de un trozo de planeta,
sin contar el granizo, el huracán,
las tormentas eléctricas sobre las torres telefónicas
los vuelos kamikazes sobre las torres corporativas
Todo lo acontece sobre la bestia humana
la que da a luz y ríe y pela una naranja
la que contempla aterrada su destino
y alza la vista hacia la divinidad incomprensible
de la muerte.
Vendrán luego los cuervos y microbios
a actualizar la biósfera transformando felices
nuestra carne en arbustos de frutos amigables,
en el nogal que extiende, como Sophie, sus brazos hacia el cielo,
en sus nueces y en la ardilla mutante que devora las nueces,
en cada camada mejor que la anterior,
mas precisa, más hermosa de la hermosura verdadera.


En el laboratorio

Dice el biólogo
El microscopio me acerca al paramecio
las algas azulverdes
una comunidad entera de bacterias
que en la placa de Petri saludan a mi ojo.

Dice el protozoo con su voz silenciosa
Por el microscopio veo, pequeñísimo
un disco que se abre y que se cierra
que me contempla y acaso me comprenda
como un hermano separado al nacer
a quien reencuentro tantas eras después
tantas mitosis.


Tercer padre

en todas las familias hay milagros
y secretos funestos

incluso en ocasiones son el mismo

de tres padres nací
de papá, de mamá y del niño muerto
que duerme en la maceta del jardín
profundamente

ese hermano mayor
me acompañó sonriente
al umbral de la vida
como si hubiera ido
a un aeropuerto oscuro
a despedirme

había solo un asiento
en el ferry del mundo
y él dejó que yo, la hermanita
se sentara
y observara las nubes
el vientre fabuloso de mi madre
los perros en el pasto
los tractores

¿quién tuvo que quedarse para que yo naciera?
hace ya tanto tiempo que no estamos en la misma estación
hace ya tantas vidas
pero aquí nadie más ha de conocerlo
y nadie sabe cómo alzaría la vista
para ver los aviones
ni con qué decisión se abriría paso
en las calles terráqueas
ni con qué exacto método
comería su manzana

hija soy de los vivos y los muertos
y en mí cantan
todos los átomos que soltaron sus manos
de la gran ronda cósmica
para integrar el cuerpo que les habla

no me esperaba el río caudaloso
no me esperaba el trueno
no me esperaba el cura que me ungió
con aguas consagradas
yo misma no esperaba las caricias del aire
la traición de la isoca
el guardapolvo blanco contra el frío
la desnudez al borde de las lámparas

era a él que esperaban

de ese tiesto donde yace enterrado
brotó un tallo
y más tarde las hojas
aletearon al cielo
para sorber la luz

en ese arbusto terco y diminuto
contemplé desde niña la fuerza de mis brazos
dichosos con sus bíceps y epidermis y venas
y lo supe mi hermano

y en el embrión disuelto
en el lago de tierra
donde esa planta hundía sus raíces
vi a mi padre, el tercero
que recorre sonámbulo
pasillos de aeropuerto
de un universo trunco
para que yo cantara
entre los vivos.


Aria

levántate, amor mío
ven a la ventana
mira caer la lluvia sobre el pueblo
escucha estremecerse el ramadío
canta con todas las criaturas
el aria de la vida
déjame asir tu mano
es corto el día
pronto se aquieta el pájaro
una oscura fragancia se apodera del mundo
alguna vez contemplamos un rostro
y comprendimos la hondura de la muerte
el rostro del estanque
el rostro de esta lluvia
tu rostro entre los rostros todos
ninguno de nosotros ha de perdurar
y aquí tras la ventana
la eternidad entera se desnuda
para quien tenga los ojos del eterno

tantos cristales hemos fabricado
tantas lentes complejas
tantos caleidoscopios y vitraux
para filtrar la luz ilimitada

incluso entre nosotros
se levantan ventanas, amor mío

qué más puedo decirte
acércate, levántate
mira caer la lluvia
con violencia en el pueblo
y más allá silencio
y más allá galaxias
y más allá una oscura fragancia
se apodera del mundo
en todas partes está la eternidad para el eterno
y nosotros apenas una lluvia que cae
para el amor que observa en la ventana

qué angustiosas y bellas nuestras vidas
las historias, las artes que apañamos
para declamar nuestra existencia
–ah, la magna ironía–
qué más puedo decirte sino
ven, acércate, amor mío, a la ventana
mira caer la lluvia sobre el pueblo