martes, 17 de marzo de 2015

Jonás Gómez


Jonás Gómez (1977) trabajó en la editorial política Pueblo Heredero como corrector y coeditor. Coordinó por tres años el taller de escritura creativa en Crack Up y colabora en el suplemento cultural del diario Tiempo Argentino. Coordina el taller de poesía en Malisia (La Plata) y de escritura en Espacio Marechal. Recibió el premio Indio Rico 2009 por su libro Equilibrio en las tablas, que fue publicado en el 2010 por la editorial Mansalva. Publicó El dios de los esquimales (Santa Fe: Ediciones Diatriba, 2011), Planos para construir dos ciudades (Mancha de aceite, 2012) y Calendario de siembra (Barba de abejas, 2014). Participó en las antologías Si Hamlet duda le daremos muerte (La Plata: De la talita dorada, 2010), Poesía manuscrita (vol.4, 2012) y en el proyecto Híbridos (2012), que reunió a escritores, actores y dramaturgos para una puesta en conjunto.

¿Cuáles son los contextos de producción de tus escritos? ¿Tenés una rutina para ello?
Varían según el momento, como la mayoría de las personas que no viven de la literatura tuve que adaptarme a la rutina laboral. En el último tiempo estuve escribiendo en la oficina, pero hubo épocas en las que iba a un bar, con un cuaderno, para trabajar ahí y obligarme a mantener un ritmo de escritura. No tengo una rutina, hay épocas en las que trabajo más y épocas en la que produzco y corrijo menos.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Cómo describirías ese momento de incursión?
Hubo un momento, que siento como inicial, en el que empecé a tomar la escritura como una posibilidad para crear. Tenía 17 o 18 años, estaba trabajando un domingo en un kiosco que era de la familia y en un impulso escribí tres historias cortas, las tres autoconclusivas, muy distintas entre sí. El momento fue muy estimulante, hubo un descubrimiento ahí.

¿Cuándo sentís que un poema comienza a gestarse y cuándo lo das por terminado?
Siento que un poema empieza a gestarse cuando pienso en alguna combinación de palabras que me llama la atención. Esa combinación de palabras puede ser un concepto, una imagen, o algo que llega con urgencia, algo que necesito decir en ese momento. Lo doy por terminado cuando siento que ya dije lo que podía decir al respecto.

¿Qué lugar ocupa la corrección en tu metodología de escritura? ¿Les mostrás tus textos antes de terminados a otras personas?
Bueno, la corrección es indispensable. No concibo la escritura sin corrección. Sé que se puede escribir de un tirón un texto largo, o breve, y que haya algo bueno ahí, pero me parece que para que el texto sea todo lo efectivo que puede ser tiene que pasar por una, o más de una, instancia de corrección. A veces subo lo que estoy trabajando a Facebook, pero no tengo el hábito de mostrar lo que estoy haciendo para recibir devoluciones.

¿Creés que influyen otras artes, como el cine, la fotografía o la música en tu escritura?
Sí, claramente. Creo que todo está relacionado. De hecho uno de mis libros está basado, parcialmente, en unas obras de Kuitca. A veces pienso una escena como si fuera a ser filmada, me sirve para plantear el movimiento de los personajes o una acción específica.

¿Participás en lecturas? Sea afirmativa o negativa tu respuesta, ¿cómo ves la escena de la poesía en tu ámbito local?
Participo en lecturas, creo que es una buena manera de socializar lo que estás escribiendo. También está el encuentro celebratorio, de conversación y cervezas con amigos, que está muy bien. La escena local de poesía está nutrida de mucha gente, hay mucho movimiento, ciclos de lecturas y demás, cada uno con sus propias características. Hay mucha gente escribiendo y leyendo, lo que no hay, no demasiado, es público ajeno a las lecturas que se acerque para escuchar.

¿Participás en concursos? Si es así, ¿de qué depende tu participación?
Participo en concursos, sí, el primer libro que me editaron ganó un concurso (el premio era la edición). Mi participación depende de que el premio sea algo que me resulte interesante ganar: dinero o la publicación del libro.

¿Viajás o te movilizás geográficamente para participar en eventos poéticos? ¿Con qué frecuencia?
Si la invitación incluye el pasaje sí, lo hago, pero no es algo que ocurra con frecuencia.

¿Cuáles considerás tus mayores influencias en este momento?
Un combo de todo lo que leí hasta ahora: Cormac McCarthy, Carver, Ashbery, O´Hara, Casas, Carlos Ríos, Fernanda García Lao, Gambarotta. Etc, etc.

¿Cuál es tu postura respecto a los talleres literarios? ¿Participás o participaste en alguno, ya sea como asistente o como moderador? ¿Qué podés referir sobre esa experiencia?
Creo que son un espacio útil para trabajar la escritura y poner a la literatura en lugar más realista: lo que a un lector le lleva semanas de lectura es posible que a un escritor le haya llevado años. Buena parte de mi formación se la debo a los talleres de escritura, pasé por distintos espacios de trabajo, ahora coordino uno de poesía y uno de poesía y narrativa. Las dos instancias son estimulantes, está bueno el espacio de trabajo de un texto, y recibir las devoluciones del coordinador y de los compañeros, y está bueno guiar al que está en el proceso de escritura. Me parece interesante el lugar de coordinador porque permite aportar consejos de resoluciones prácticas para un texto.

¿Tenés algún blog, revista o medio de difusión de poesía propia o ajena online? Si es así, ¿cuál te parece que es su función?
Tuve un blog por algunos años, pero le perdí el gusto a mostrar ahí lo que hago. Como todo medio de difusión me parece válido. La función, en tiempos digitales, es la posibilidad de generar un proyecto propio, o colectivo, en el caso de una revista, sin el costo de la impresión, sin la limitación de la circulación del papel, pero con la limitación del formato digital, que, en general, genera una lectura menos paciente.

¿Has publicado recientemente o estás por publicar? ¿Cuál es tu criterio para elegir una editorial a la que presentarle tus textos?
A fines del año pasado publiqué Calendario de siembra, a través de la editorial Barba de abejas. En general, hasta ahora, el tema de las publicaciones, salvo el primero, que fue a través del concurso, se dio de forma muy natural, a través de sellos amigos, que habían leído el primer libro y tenían ganas de armar algo en conjunto. Pero si tengo que presentarle textos a una editorial lo que busco es que tenga un catálogo que me interesa, que me resulte interesante como lector.

Como lector, ¿cómo hacés tu recorte? ¿Leés contemporáneos, clásicos, ambos? ¿Qué otros géneros frecuentás?
Tengo épocas en las que busco clásicos y épocas en las que me interesa leer lo que se está publicando ahora. Me parece que hay que estar atento a todo, hay maneras de trabajar el lenguaje que no pudieron darse en los clásicos y una especie de rigor, de ambición de proyecto, que probablemente se haya ido diluyendo en el presente. Sé que estoy generalizando, pero a veces tengo esa sensación. Para mí la literatura es una, el tema del género, ficción, poesía, prosa poética, la ciencia ficción y demás, son etiquetas. En cada obra hay mucho más que la categorización que se hace de esa obra.

¿Traducís? Si es así, ¿qué relación creés que tiene esta tarea con tu producción poética?
Alguna vez traduje algún texto para el taller o revisé alguna traducción que no me cerraba. Me parece que el acercamiento a otro idioma genera una apertura en relación al lenguaje propio. Te volvés más consciente de que el lenguaje es algo manipulable, al que se le puede cambiar el orden de construcción para modificar el sentido. De alguna manera creo que sirve para tomar mayor consciencia del lenguaje como materia de creación.

¿Creés en la función social, o incluso política, de la poesía?
No pienso demasiado en eso, sé que hay escritores que no conciben el arte desligado de la función política, pero no es mi caso, lo que más me importa como escritor es que el texto sea firme.

¿Cómo imaginás a tu lector? ¿Pensás en una idea de lector mientras escribís, corregís o compilás?
No demasiado, intento convencerme a mí mismo de que el texto tenga un buen aterrizaje, pero no sé si se puede, o al menos yo no lo hago, pensar en un lector imaginario.

Algunos poemas:

Fue una mañana de frío inesperado para la época.
En el baño había una luz más acorde al invierno que a la primavera,
y a través de los paneles de la ventana había un ingreso de llovizna.
Era algo mínimo,
había que entrecerrar los ojos para verlo,
probablemente fuera el cambio de viento alrededor de la terraza,
porque pasaste otros días de lluvia ahí, pero eso, ese avance a través de la ventana,
eso fue nuevo.

Entonces, de pie, frente a esa manifestación de lluvia dentro del monoambiente,
en el día laborable que pasaste lejos de toda labor,
pensaste en el futuro y en lo que podría pasar en los próximos meses.
Pensaste: el futuro está todavía a un kilómetro de distancia, ya llegará, ya llegaré.
Pensaste: un slogan actual: le clavás el visto al futuro o el futuro te clava el visto.
Pensaste: hay casi un color en esas gotas, casi un color, pero no del todo.
Pensaste: esto que está pasando es nuevo, entonces, esto ya es el futuro.


Las construcciones sólidas requieren, o demandan, lentitud.
No se ensambla una obra magna en tiempo corto, hay que transitar los preparativos para, cuando llega el momento, trabajar.
“Es como ese sonido de la cuchara en el fondo de la lata, ese raspido,
ese sonido aprendido antes de asimilar el circuito de la entrada, el plato principal
y la porción dulce, antes de llegar a eso hubo que ir al estante alto y explorar la lata”.

Las construcciones sólidas requieren, o demandan, movimientos pausados.
A Whitman le llevó la vida escribir Hojas de Norteamérica,
no podría ser de otra manera,
para rencarnar en el imaginario y en el discurso de futuros lectores es necesaria esa entrega,
esa constancia devota
de levantar un ladrillo a la vez, durante largo tiempo, de a ratos con paso impreciso, de a ratos firme con la carga entre manos, pero al final,
al final del día, al final de la obra, el resultado persiste.

Las construcciones sólidas requieren, o demandan, obrar con lentitud.
Y aunque es cierto, el tiempo nos llevará puestos a todos, en el trayecto de uno a otro punto,
en el día a día,
en la dignificación del tiempo por medio del trabajo,
hay manos y hay voluntad de hacer,
hay imaginación y necesidad de concretar la combustión,
hay un músculo curvo y rojo (el gran tambor) y el impulso de ser.



¿De qué palabras se alimentó nuestro idioma para ser este entorno,
este suelo,
este intercambio que conocemos y practicamos?

¿Hay un origen preciso?
¿Es posible llegar a la fuente y hundir las manos en la fuente?
¿De qué manera?

Siendo lo puro algo estable, que no sufre transformaciones,
¿se puede hablar de un idioma puro?

(caen como piedra los sustantivos y como flecha los adjetivos)

La lengua materna es, en simultáneo, parte de la anatomía de la madre y el idioma transmitido por la madre,
es algo intangible
y sin embargo en una primera lectura el concepto de lengua materna se presenta como una pieza carnal,
algo que guarda la boca de la madre.


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